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Carta de Navidad del sacerdote D. Nicolás Sebastián Horno: “ que la Navidad sea una apertura a la vida, a la convivencia, a la ayuda, a la ternura compartida en este hogar o en nuestros domicilios familiares”


A la querida Comunidad de Hermanitas, residentes, personal de servicio y asistencia, a familias, compañeros, amigos, y a todos los que os lleguen estas líneas, sirvan para invitar y convocamos a vivir y celebrar con gozo la Navidad 2023. 

Esta fiesta de la Navidad siempre es de Dios para nosotros, y contiene todo su proyecto de Salvación. Dios la establece y la protagoniza domiciliándose y situándose entre nosotros. Es la fiesta de más cercanía y la aproximación a nuestra propia identidad humana, siempre frágil y necesitada. Este anuncio solicitado y aceptado por María de Nazaret, se cumplió con el Nacimiento de su hijo en una pobre cueva de Belén, y marca, equilibra, engrandece e ilumina nuestra propia condición humana   proyectándola hacia el futuro salvador de gloria y eternidad ofrecido a todos, todos.

Desde entonces el hombre queda convocado para vivir desde Dios, apropiado y revestido de su amor. “Porque Dios no mandó a su Hijo al Mundo para condenar al Mundo sino para que el mundo se salve por Él“. (Evan. Juan 3,21).   

Naciendo Dios en la tierra, el hombre queda sellado con lo divino y eterno. Este es el misterio que contiene la Navidad que vamos a celebrar. 

Estos son los sonidos y llamadas que nos transmite la Navidad y nos coloca en la gratuidad universal del amor del Señor. 

La Navidad recuerda y celebra el nacimiento del Hijo de Dios, Jesucristo Salvador, y por ello, el mensaje de la Navidad ha de renacer en nosotros para que contenga el valor de adoración y seguimiento. 

La Navidad contiene toda la fuerza de la esperanza y en ella se le abren al hombre todas las posibilidades de amar y sentirse bien y de hacer este mismo camino y llegar al mismo destino siguiendo al Redentor. Quien no busca a Dios en su interior es difícil que lo encuentre fuera. 

Ya sabéis que el Señor está a la distancia de una oración sencilla que puede nacer de cada cual. La Navidad es la fiesta de la ternura y del abrazo del Señor a la humanidad. Necesitamos entrar y celebrarla. Es una buena ocasión para agradecer y espabilar nuestra fe. A este obrar gratuito de Dios sólo se entra desde la oración y la escucha, con humildad y con la atención y el servicio a los más desamparados, cansados y agobiados. 

La Navidad es marca del vivir, solo perceptible desde la luz de la fe con sencillez y alegría, y cercanía familiar con todos. Y nos podemos preguntar qué sentido tiene la celebración del Nacimiento de Jesús hoy en nuestra sociedad, y cómo lo vamos a conmemorar nosotros los creyentes. 

¿Para qué nos sirve esta fiesta, y a qué Dios se nos invita a acogerlo y cómo adorarlo? Solamente, cuando valoramos y respetamos lo humano, la Navidad se repite, se acrecienta y nos traslada hacia los demás y hacia el  futuro. 

Este misterio viene siempre ofrecido gratuitamente. La Navidad es el manantial localizado en cada uno para regar nuestra vida interior que permite crecer en paz y fraternidad, con belleza y confianza, y deja asomar al exterior nuestros sentimientos y deseos de paz y bien, reparte perdones y produce anhelos de felicidad y alegría. 

La mejor cosecha siempre se alcanza y comparte desde un corazón regado por la presencia  del amor y la misericordia del Señor. 

Dios ha venido para sanar y salvar. Belén es el hogar acogedor, caliente e improvisado de María y su esposo José; y es un lugar de encuentro y felicidad para todos, donde los hijos adoradores  reciben el mejor regalo del Niño Dios. En el misterio de Belén también los miedos y cansancios, las contrariedades y limitaciones  quedan serenados e iluminados por una fuerza y gracia mayor. Es necesario sembrar el bien y la esperanza. 

Es importante ambientar y cantar la Navidad, y celebrarla en familia y en la comunidad cristiana. 

Todo esto os lo deseo y pido para vosotros, hijos queridos de Dios y hermanos en y desde esta comunidad y casa de residencia, que como todos los años se nos recordará y mostrará con los bellos y abundantes adornos y signos navideños. 

Que la Navidad sea una apertura a la vida, a la convivencia, a la ayuda, a la ternura compartida  en este hogar o en nuestros domicilios familiares, y nos dé ánimo para huir de la indiferencia y egoísmo, y nos aparte de la ruptura y de las discordias que traen frío y distancias. 

Esta felicitación lleva enganchado mi deseo, oración y encargo de que os acerquéis a Jesús, a su Palabra, al gozo del  Evangelio, y lo acojáis como aquella noche los pastores de Belén. Dios puede nacer en cualquier sitio, en cualquier corazón, en todos nosotros si lo buscamos.  

Gracias a todos, y mi recuerdo y plegaria humilde por y para los mayores más impedidos en nuestra casa, para todos los residentes, y para quienes nos cuidáis, servís y nos recordáis y visitáis. 

¡Feliz Navidad!

Nicolás Sebastián Horno, Sacerdote Residente de la Residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados – Virgen de la Peña.

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