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El emperador Claudio «regresa» a casa: el Museo de Calatayud recibirá su busto tras siglos de ausencia y con estrictas medidas de seguridad

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El histórico busto del emperador Claudio, una de las joyas arqueológicas más relevantes de Aragón, ha obtenido finalmente el «pasaporte» necesario para su traslado temporal desde el Museo de Zaragozahasta el Museo de Calatayud. Esta mudanza, autorizada formalmente por el Ministerio de Cultura, supone un hito para la ciudad bilbilitana, que recupera —al menos mientras duren las obras de reforma en la sede de la capital aragonesa— la pieza más emblemática hallada en el antiguo municipium de Bílbilis.

La llegada de la escultura, prevista inicialmente para el mes de junio, se realizará bajo estrictas medidas de seguridad y contará con la escolta de la Policía Nacional. Según han confirmado Arturo Ballano, concejal delegado del Museo de Calatayud, y Carlos Sáenz Preciado, doctor en Historia y subdirector del centro, la estancia de Claudio no tiene una fecha de retorno fija, ya que permanecerá en la ciudad hasta que el Museo de Zaragoza reabra sus puertas al público.

Un hallazgo marcado por la fortuna y el infortunio

La historia de esta pieza es tan fascinante como accidentada. El descubrimiento se remonta al año 1662, cuando un agricultor de Huérmeda que trabajaba sus tierras en el cerro de Bámbola se topó con un gran bloque de mármol de Paros. Lo que en origen era una estatua de cuerpo entero, integrante de un ciclo estatuario de la dinastía Julio-Claudia, sufrió la rudeza de su descubridor. Según recogen las crónicas del historiador Vicente de la Fuente, el labriego, quizás por superstición o desconocimiento, destrozó la obra a golpes de azadón, salvándose milagrosamente la cabeza.

Fue la intervención de Miguel Martín de Villanueva, segundo conde de San Clemente y amante de las antigüedades, la que rescató la pieza de la desaparición. El aristócrata encargó al escultor Franco la creación del torso actual para recomponer la figura y la dotó de un pedestal de mármol negro de Calatorao. En dicho plinto se grabó una inscripción en latín que hoy cobra más sentido que nunca: «Bámbola me condenó a la oscuridad donde otrora estuvo Bílbilis: me alegro de gozar de la luz a partir de que el conde me viera».

Valor histórico y artístico

Más allá de su azarosa biografía, el busto posee un valor científico excepcional. Carlos Sáenz Preciado destaca que no se ha localizado ninguna otra escultura de estas características en todo Aragón. Además, las investigaciones sugieren que la cabeza es un ejemplo de reutilización imperial: un retrato anterior de Calígula fue remodelado para representar el rostro de Claudio, una práctica común en la época para ahorrar materiales o marcar transiciones políticas.

Tras pasar por la Sociedad de Amigos del País y recalar en el Museo de Zaragoza en 1868, Claudio se prepara ahora para reencontrarse, 158 años después, con el paisaje y los objetos de la tierra que lo ocultó durante siglos. Su exhibición en Calatayud no será solo una muestra arqueológica, sino el cierre de un círculo histórico que comenzó bajo el sol de Bílbilis hace casi dos milenios.

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