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La Máscara de Ateca, declarada de Interés Turístico Regional, realizará hoy su primera salida para inaugurar las Fiestas de San Blas 2024: conoce aquí su historia y los actos que se celebrarán


La Máscara de Ateca, una de las tradiciones más singulares de la provincia de Zaragoza y de la Comarca Comunidad de Calatayud, volverá a las calles hoy viernes y mañana sábado en un ritual único que apenas ha cambiado en los últimos 125 años y del que podrán disfrutar tanto los vecinos del municipio como todos aquellos visitantes que quieran acercarse.

La Máscara es la protagonista de las celebraciones de San Blas en Ateca gracias a sus esperadas apariciones ataviada con un colorido traje de franjas verticales rojas y amarillas, un gorro, cascabeles, un sable y una cobertera (el pequeño escudo circular con el que ejerce su función protectora).

Esta fiesta popular, profundamente arraigada en Ateca, se vio influida por las tensiones que se vivieron en el siglo XIX entre realistas y liberales y entre carlistas e isabelinos, llegó a ser prohibida durante tres años en la Segunda República, y ha tenido que suavizarse atendiendo a nuevas costumbres que se han impuesto a las propias.

Los actos empezarán esta misma mañana (viernes 2 de febrero), festividad de la Virgen de las Candelas. La Máscara hará su aparición en la plaza España para encorrer y asustar con su sable de hierro y su escudo a los niños y niñas que le esperarán en la puerta de la casa consistorial para intentar arrancarle los cincuenta cascabeles que lleva colgando. El personaje pasará la cobertera por la cabeza de quienes se acerquen a ella a modo de bendición y durante el recorrido entrará en distintas casas y locales recibiendo pequeños regalos como dulces y tabaco.

La Máscara volverá a salir esta misma tarde, y por la noche se preparará una gran hoguera en la plaza de España en torno a la cual se reunirán vecinos y visitantes junto al protagonista de la fiesta. Habrá reparto de dulces y cuando la hoguera se consuma la Máscara saltará las brasas y los asistentes cantarán a corro la canción “El puente de Alcolea”, muy conocida en la localidad.

La fiesta continuará el sábado, 3 de febrero, día de San Blas. A las 11h tendrá lugar una misa seguida de la procesión hasta la ermita y la posterior subida al cerro, momento culmen de las celebraciones.

Tras recitar unos versos ante el santo, la Máscara ascenderá al cerro de San Blas, a los pies de la ermita, mientras los jóvenes del pueblo le esperarán en la cima armados con manzanas y se las lanzarán para intentar evitar que llegue a lo más alto (hasta 1979, en vez de manzanas, a la Máscara le tiraban piedras).

Una vez arriba, se formará un corro y se volverá a cantar la canción “El puente de Alcolea”. Al terminar, los niños y niñas volverán a intentar quitarle los cascabeles a la Máscara, que regresará a la ermita, recitará otra copla al santo y acompañará a la procesión de regreso a la iglesia cerrando así esta singular tradición que se repite cada año.


Los orígenes del personaje

Los inicios de esta tradición son inciertos, ya que no se conservan datos escritos al respecto. Según se recoge en el libro “Cascabeles entre bandas rojigualdas”, escrito por el historiador Francisco Martínez García y editado por la Institución Fernando el Católico de la Diputación Provincial de Zaragoza, existe la posibilidad de que la Máscara fuera un botarga, un personaje que era habitual en las fiestas populares en las que se usaban disfraces estrafalarios. Sus raíces serían muy lejanas, y ya en el siglo XV habría sido incorporado por la Iglesia a la procesión del Corpus Christi como elemento lúdico y festivo.

Posteriormente, el botarga tendría la misión de bailar junto a los danzantes y de perseguir a los vecinos para golpearles con el sable y la cobertera, pudiendo realizar también las funciones de ‘director’ en el dance o de bufón una vez entrado el siglo XVII. A ese botarga de los siglos XVII y XVIII que vestía de rojo y gualda, que portaba sable y cobertera y que iba tras los niños y protegía a los mayores se le lanzarían restos de fruta y desperdicios al igual que se hacía con el antiguo Cipotegato de Tarazona.

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