
El emblemático templo de San Pedro de los Francos ha acogido una tarde cargada de emoción, orgullo e identidad bilbilitana durante el acto de presentación de las Jóvenes Representantes de la Sociedad Bilbilitana de 2026 y la entrega del Premio “Ciudad de Calatayud” al Grupo de Jotas Virgen de la Peña. Uno de los grandes protagonistas de la jornada ha sido el arqueólogo e historiador Javier Bona López, mantenedor del acto y figura clave en la recuperación de la judería y la integración de la localidad en la red de ciudades «Caminos de Sefarad», quien ha ofrecido un discurso inolvidable pronunciado desde el corazón y concebido como un profundo tributo a la historia y a la esencia de la ciudad.
Javier Bona ha iniciado su intervención con una emotiva dedicatoria a Ana María Escario Hernández, expresando su gratitud por su apoyo incondicional, su generosidad y su devoción a la patrona. Tras recitar dos jotas dedicadas a la esencia de Aragón y a la Virgen de la Peña, el historiador ha compartido la confesión de su propio idilio con la localidad. Ha recordado cómo llegó sin buscarlo a un territorio que terminó por elegirlo a él y ha evocado la fascinación de ir descubriendo el barrio de la Judería capa a capa, como quien saca a la luz un yacimiento arqueológico con paciencia y asombro. Ha asegurado que Calatayud le ha regalado una etapa de paz y felicidad plena que no cambiaría por nada, hablando ya no solo como investigador, sino como un bilbilitano de adopción profundamente enamorado de sus calles, su luz y sus gentes.
Con una mirada apasionada, el mantenedor ha definido la ciudad como el reflejo de la historia de España condensada en un solo lugar. Al asomarse al cerro de la Peña, ha recorrido las cinco civilizaciones que alimentan la memoria bilbilitana: las fraguas celtíberas, el foro y las termas de la Bílbilis romana, la fortaleza andalusí de Qal’at Ayyub, la sabiduría de la judería y el esplendor de las torres mudéjares declaradas Patrimonio de la Humanidad. Para Bona, esta riqueza no solo se estudia, sino que se vive a través de los cinco sentidos y de un sexto sentido que es la memoria colectiva: desde el aroma del esparto y la arcilla de la loza dorada descrita ya en el siglo XII por al-Idrisi, hasta el tacto de la piedra caliza, el sabor del vino del Jalón y las recetas sefardíes, el tañido de las campanas de Santa María la Mayor o la visión radiante del Rosario de Cristal.

El relato histórico ha alcanzado su cima de mayor intensidad narrativa al rememorar las pruebas de resistencia del pueblo bilbilitano. Bona ha rememorado el épico sitio de 1362 durante la Guerra de los Dos Pedros, detallando la crudeza de la lucha en la cuesta de la matanza y el bombardeo de la fortaleza. En este marco, ha destacado la gesta heroica del caballero Jiménez de Zuar y sus ballesteros, quienes arramblaron el pendón de Pedro I de Castilla, un estandarte que albergaba la profecía bíblica del Libro de los Números y que terminó custodiado en la antigua sinagoga mayor, actual ermita de la Virgen de Consolación, donde convergen de forma única los hilos de la historia de España. Asimismo, ha recordado la capacidad de resurrección del santuario de la Peña frente a asedios, desamortizaciones e incendios, atribuyendo esta permanencia al vínculo inquebrantable de la ciudad con su patrona y señalando que la capacidad de Calatayud para levantarse siempre tras cada caída guarda en sí misma la fuerza de un milagro.
El homenaje al arte y las tradiciones ha tenido un lugar central en sus palabras. El mantenedor ha felicitado con calidez al Grupo de Jotas Virgen de la Peña en su 50 aniversario, rindiendo tributo a su fundador, Pedro Garrido, por medio siglo de dedicación a la custodia del patrimonio inmaterial bilbilitano. De igual manera, ha extendido su enhorabuena a los pregoneros Nacho del Río y Beatriz Bernad por sus 30 años de maestría conjunta en la jota. No ha olvidado alabar la majestuosidad del Rosario de Cristal, calificado como una catedral de luz itinerante de 204 faroles de hojalata y vidrio que convierte cada noche de septiembre en un destello de fe y devoción. Bona ha cerrado su intervención tras rememorar la huella universal de Calatayud en figuras como Baltasar Gracián, Michel de Montaigne o la herencia de los Santángel, haciendo un llamamiento colectivo a preservar con orgullo un legado tan inmenso y culminando con unos rendidos vivas a la Virgen de la Peña y a Calatayud.








