
La Colegiata de Santa María la Mayor de Calatayud ha culminado con gran éxito de participación su 35ª Peregrinación al Santuario de la Virgen de Lourdes, celebrada durante el fin de semana del 11 y 12 de julio de 2026. Los fieles bilbilitanos vivieron dos intensas jornadas de recogimiento espiritual, convivencia e historia en tierras francesas, dejando una profunda huella de fe y devoción mariana en cada una de las paradas de este tradicional viaje.
El viaje comenzó con una parada de gran valor paisajístico e histórico en las espectaculares Grutas de Bétharram, catalogadas entre las cavidades más bellas e importantes de toda Europa. Tras esta fascinante inmersión natural, el grupo llegó a Lourdes para sumergirse de lleno en un intenso programa de actividades espirituales.
La tarde de la primera jornada se inició con la proyección del emotivo vídeo del Mensaje de Lourdes en el propio santuario, seguida por una reveladora visita a la casa de Bernardette Soubirous. El fervor de los peregrinos bilbilitanos alcanzó un punto álgido a las cinco de la tarde con su participación activa en la Procesión Eucarística, que incluyó la adoración y la bendición de los enfermos. Como colofón de este primer día, los fieles formaron parte de la célebre Procesión Mariana del Rosario de las Antorchas, en la cual portaron con gran orgullo el estandarte de la Virgen de la Peña, patrona de Calatayud, iluminando la noche pirenaica con sus plegarias.
Oración en la montaña y regreso por tierras oscenses
El domingo por la mañana, con las pilas totalmente cargadas tras el desayuno, el grupo se dispuso a realizar el tradicional Vía Crucis de la Montaña. Este solemne recorrido estuvo dirigido por D. Jesús Vicente Bueno, Abad de la Colegiata de Santa María la Mayor de Calatayud, y contó con la implicación directa del grupo de peregrinos, ya que las diferentes Estaciones fueron leídas por personas voluntarias de la expedición.
La culminación de los actos de culto tuvo lugar en la Capilla de la Cripta —la primera basílica erigida en conmemoración de las apariciones marianas a Bernardita—, donde se ofició una misa propia especialmente solicitada y concedida al grupo para la ocasión.
Tras compartir una agradable comida de hermandad en el hotel, el grupo emprendió el viaje de regreso a casa. Para amenizar la ruta, la expedición realizó una parada técnica en Jaca, donde pudieron descansar y disfrutar de una visita a su histórica Catedral románica. Al subir nuevamente al autobús para afrontar el último tramo del camino, el sentimiento compartido por todos los bilbilitanos fue de profunda satisfacción, paz espiritual y, sobre todo, el firme deseo de volver a reunirse en la próxima peregrinación del año que viene.









