
Las calles de Illueca vuelven poco a poco al silencio tras cinco días de fervor, música y tradición. Las Fiestas de San Babil han echado el cierre dejando un sabor agridulce: el de la satisfacción por el éxito rotundo y el de la nostalgia por la despedida de una Comisión de Festejos que, tras tres años de incansable trabajo, ha decidido poner fin a su etapa con el corazón «un poco encogido», pero lleno de gratitud hacia sus vecinos.
Esta edición ha destacado por una participación masiva que ha desbordado todas las previsiones. Entre los momentos que quedarán grabados en la retina de los illuecanos, destaca el conciertazo de Rosario Flores, que llenó el ambiente de energía, así como el emotivo tributo a Joaquín Sabina a cargo de «500 Noches», que sirvió como el broche de oro perfecto para clausurar los festejos en el Pabellón Municipal.
La tradición también reclamó su protagonismo con una ofrenda de flores y una ronda joteramultitudinarias, donde el sentimiento por el patrón y las raíces de la tierra se hicieron palpables en cada esquina. El folclore, de la mano de la Escuela de Jota de Illueca, fue el hilo conductor de unas celebraciones que supieron hermanar a grandes y pequeños. No se quedó atrás la diversión más desenfrenada con el «tardeo» de Puro Relajo, que se convirtió en una de las citas más concurridas, demostrando que las ganas de celebrar de este pueblo no tienen límites.
Desde el pregón inicial hasta la última traca final, Illueca ha vivido días de hermandad en los que no faltaron los concursos de ranchos, las sesiones taurinas y los juegos infantiles. La Comisión, en su último comunicado, ha querido agradecer el apoyo incondicional de los vecinos y de quienes se acercaron desde fuera, animando a las nuevas generaciones a tomar el relevo para que la llama de San Babil nunca se apague.










