
La búsqueda de Pablo Cebolla, el joven alhameño de 20 años desaparecido desde el pasado viernes en Zaragoza, ha entrado en una fase crítica marcada por las difíciles condiciones del río. Aunque el epicentro del rastreo sigue situándose en las inmediaciones del Puente de Piedra, la Policía Nacional ha decidido ampliar el radio de acción hacia tramos inferiores del cauce, empujada por la fuerte corriente y el aumento del caudal que presenta el Ebro en las últimas jornadas.
Desde la Jefatura Superior de Policía se insiste en que el caso se gestiona bajo el protocolo de «alto riesgo». Por ello, el despliegue cuenta con una coordinación multidisciplinar que integra al grupo especializado en desapariciones, unidades de Seguridad Ciudadana y un importante refuerzo técnico desde el aire. Helicópteros y drones sobrevuelan de forma constante la ribera, apoyando ahora el trabajo de efectivos de élite llegados desde Madrid: los especialistas del grupo GEO, expertos en inmersiones y rescates en escenarios de extrema complejidad.
La estrategia de mantener el foco en el Puente de Piedra no es azarosa. Según fuentes policiales, existen indicios sólidos para seguir rastreando este punto concreto, a pesar de que el dispositivo es dinámico y ya se extiende con intensidad hacia el Puente de Hierro. La familia del joven, con vínculos en Alhama de Aragón y Godojos, ha podido confirmar recientemente un dato determinante tras la revisión de las cámaras de seguridad del entorno del Náutico: las imágenes ratifican que Pablo cayó al agua de forma accidental, coincidiendo precisamente con el lugar donde se perdió la señal de su teléfono móvil.
Actualmente, el principal obstáculo para los equipos de rescate es el estado del río. El gran volumen de agua y su capacidad de arrastre no solo reducen drásticamente la visibilidad de los buceadores, sino que también complican la inspección de las orillas, donde la acumulación de sedimentos y ramas dificulta las labores de localización.









