
La Basílica del Santo Sepulcro de Calatayud vivió ayer una tarde histórica y cargada de emoción con la ordenación de Jacobo López García como diácono permanente. El templo bilbilitano registró un lleno absoluto, reflejando el cariño de una comunidad que quiso arropar a su vecino en este importante paso espiritual. El altar lució especialmente solemne ante la presencia de numerosos sacerdotes que se desplazaron para concelebrar una liturgia marcada por el recogimiento y la alegría vocacional.
La ceremonia estuvo presidida por el Obispo de Tarazona, Vicente Rebollo, quien fue el encargado de conferir el orden mediante la imposición de las manos. Durante el acto, se destacó la singularidad de esta vocación, ya que Jacobo, hombre casado y padre de familia, representa el compromiso del laicado al servicio directo de la Iglesia y de los más necesitados. Este nombramiento supone un refuerzo vital para la estructura diocesana, que hasta ahora solo contaba con un diácono permanente en sus filas.
El ambiente festivo se extendió más allá del rito religioso, contagiando a todos los asistentes que celebraron este «don vocacional» para la tierra. Con su ordenación, Jacobo López vincula definitivamente su trayectoria vital con el servicio ministerial en su Calatayud natal, tras haber cumplido con los protocolos previos de fe y fidelidad en el Obispado.
La jornada concluyó con muestras de afecto y felicitaciones hacia el nuevo diácono y su familia por su entrega y generosidad hacia la comunidad cristiana. El Coro Juvenil “Augusta Bilbilis” fueron los encargados de poner el toque musical.








