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El busto del emperador Claudio regresa a Calatayud 364 años después de ver la luz: este miércoles llegaba al museo bilbilitano entre importantes medidas de seguridad

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El Museo de Calatayud cuenta desde este miércoles con una pieza arqueológica descubierta en 1662 en el cerro de Bámbola. Este paraje forma parte del yacimiento arqueológico de Bílbilis, y allí un agricultor de Huérmeda, (actualmente barrio pedáneo de Calatayud) encontró mientras araba el campo, lo que parecía una gran piedra. Era una escultura decorativa de alguna de las construcciones de la antigua ciudad romana de Bílbilis, que desde ahora y al menos durante un año, se expone y se podrá visitar en la sala principal del museo de Calatayud.

Por distintos avatares del destino este hallazgo ha permanecido durante décadas en el Museo Provincial de Zaragoza. Las obras de reforma y mejora que se llevan a cabo en él obligaron a cerrar las salas. Con ese motivo, desde Calatayud se solicitó que de forma temporal se pudieran traer algunas piezas para exponer en la capital bilbilitana durante el tiempo en el que durasen las obras en el espacio zaragozano. 

Custodiado por Policía Nacional

En la mañana de este miércoles 26 de agosto el furgón custodiado por la Policía Nacional con el busto de Claudio llegaba a las 10.30 horas a lo que fue el convento de las Carmelitas trasformado en museo en 2007. En un embalaje de madera construido para ese fin, y junto a varias piezas más de distinta época y tamaño, se ha hecho la mudanza de quien gobernó el imperio romano entre los años 41 y 54 d.C.

Como bromeaba el subdirector del Museo de Calatayud y que lo ha sido también de las excavaciones arqueológicas que durante años se han realizado en Bílbilis, Carlos Sáenz Preciado, “Claudio ha vuelto a encontrarse con familiares suyos en este espacio expositivo: con Augusto, Tiberio o Livia, con los que, todo sea dicho, no siempre fueron bien avenidos”.

El día 3 de septiembre se inaugurará la exposición “Claudio vuelve a casa 364 años después”, de la que esta pieza es el centro. Además se mostrarán en varias vitrinas una cabeza de piedra celtibérica, y otros restos arqueológicos de época islámica y romana. Serán momentos emotivos porque se tendrá muy presente al profesor Manuel Martín Bueno, fallecido este mes de agosto, y a quien se deben las excavaciones en este yacimiento, así como la existencia del Museo Municipal de Calatayud desde 1972. 

Los restos del busto de Claudio son importantes porque en Aragón no se había localizado nada semejante y para Calatayud tiene además otro componente. Y es que esa antigua ciudad monumental dio lugar al gentilicio de los habitantes de esta ciudad, que espera poder mostrar este importante yacimiento romano como se merece. Para ello se tiene que ejecutar un plan director en varias fases, de las que se han llevado a cabo las preliminares. Las siguientes están a expensas de que se doten en los presupuestos generales del Estado.

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📸 Óscar Pedraza – Museo de Zaragoza
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Un viaje al origen

Fue en 1662 cuando un agricultor huermedino se topó con un gran bloque de mármol. Veía entonces la luz una estatua del emperador Claudio. Como describe Sáenz Preciado, Doctor en Historia, y director del departamento de Ciencias de la Antigüedad de la Universidad de Zaragoza, esta obra escultórica estaba integrada en un ciclo estatutario en honor de los emperadores de la dinastía Julio-Claudia, similar a los que tuvieron otras ciudades romanas como Caesar Augusta, Tarraco o Veleia. “Pudo estar albergando el templo o el foro de Bílbilis y está realizada sobre mármol de la isla griega de Paros”, asegura Sáenz. La escultura en origen era de cuerpo entero pero fue cercenada por el agricultor durante la extracción. La cabeza reutilizó un retrato anterior del emperador Calígula.

Carlos Sáenz remite a los datos que recoge el historiador Vicente de la Fuente para seguir el camino hasta el que ha sido el destino y hogar de este hallazgo durante todos estos siglos. Según indicaba quien ejerció como cronista de la ciudad, la persona que localizó ese gran bloque de piedra mientras trabajaba la tierra desconociendo lo que era y “la rompió á golpes con el azadón, quedando apenas entera la cabeza”

Aquella cabeza de mármol pasó a manos de un noble, de Miguel Martín de Villanueva, conde segundo de San Clemente, hijo de Calatayud, y amante de sus antigüedades. Él mandó a un escultor que hiciese el torso, el medio cuerpo que hoy tiene, y que pudo esculpirse sobre los fragmentos del bloque que igualmente pudo adquirir. 

Dos años después de ser localizado, Miguel Martín quiso que la cabeza y el busto se colocasen sobre un pedestal de mármol negro de Calatorao. Sobre él, mandó grabar esta inscripción: “Bambola me clausit tenebris Bilbilis olim: Laetor ut ex Comitis lumine luce fruar. Esa frase latina viene a decir, “Bámbola me condenó a la oscuridad donde otrora estuvo Bílbilis: me alegro de gozar de la luz a partir de que el conde me viera”.

La pieza con el busto y el pedestal llegaría con posterioridad a la Sociedad de Amigos del País, que en 1868 la depositó definitivamente en el Museo de Zaragoza. Hoy 158 años después, el busto retrato del emperador Claudio se ha encontrado con otras piezas arqueológicas que la tierra también ocultó, y que salieron al exterior para sorpresa de quienes las descubrieron a lo largo de los años de excavaciones arqueológicas.

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