
El presidente de la Diputación de Zaragoza, Juan Antonio Sánchez Quero, ha asistido este martes martes 3 de febrero a la celebración de San Blas en Ateca, en la Comarca Comunidad de Calatayud, donde La Máscara ha vuelto a ser la protagonista. “La Máscara de Ateca es una de las tradiciones más singulares de nuestra provincia y por ello es fiesta de interés turístico de Aragón. Se trata de un ritual único que apenas ha cambiado en los últimos 125 años y que viven con ganas e ilusión en el pueblo”, ha destacado Sánchez Quero, quien también es Alcalde de Tobed.
La Máscara de Ateca ha vuelto a recorrer las calles del municipio en la tradicional procesión ataviada con su colorido traje de franjas verticales rojas y amarillas, un gorro, cascabeles, un sable y una cobertera (el pequeño escudo circular con el que ejerce su función protectora).
Los actos han comenzado a las 11.00 con una misa a la que ha asistido el presidente de la Diputación de Zaragoza. Después ha tenido lugar la procesión hasta la ermita y la posterior subida al cerro, momento culmen de las celebraciones.
Tras recitar unos versos ante el santo, la Máscara ha ascendido al cerro de San Blas, a los pies de la ermita, mientras los jóvenes del pueblo le esperaban en la cima armados con manzanas y se las han lanzado para intentar evitar que llegara a lo más alto (hasta 1979, en vez de manzanas y otras frutas a la Máscara le tiraban piedras).
Una vez arriba, se ha formado un corro y se ha vuelto a cantar la canción “El puente de Alcolea”. Al terminar, los niños y niñas han vuelto a intentar quitarle los cascabeles a la Máscara, que ha regresado a la ermita, ha recitado otra copla al santo y ha acompañado a la procesión de regreso a la iglesia cerrando así esta singular tradición que se repite cada año.
Aunque este martes ha tenido lugar el acto central de estas celebraciones, la máscara hizo el lunes su primera salida desde el Ayuntamiento de Ateca por las calles más céntricas de la localidad, tentando a los más jóvenes a cogerle algún cascabel. Por la tarde, y después de una chocolatada en la plaza de España se procedió al encendido de la tradicional hoguera, donde volvió a salir la Máscara.


Los orígenes del personaje
Los inicios de esta tradición son inciertos, ya que no se conservan datos escritos al respecto. Según se recoge en el libro “Cascabeles entre bandas rojigualdas”, escrito por el historiador Francisco Martínez García y editado por la Institución Fernando el Católico de la Diputación de Zaragoza, existe la posibilidad de que la Máscara fuera un botarga, un personaje que era habitual en las fiestas populares en las que se usaban disfraces estrafalarios. Sus raíces serían muy lejanas, y ya en el siglo XV habría sido incorporado por la Iglesia a la procesión del Corpus Christi como elemento lúdico y festivo.
Posteriormente, el botarga tendría la misión de bailar junto a los danzantes y de perseguir a los vecinos para golpearles con el sable y la cobertera, pudiendo realizar también las funciones de ‘director’ en el dance o de bufón una vez entrado el siglo XVII. A ese botarga de los siglos XVII y XVIII que vestía de rojo y gualda, que portaba sable y cobertera y que iba tras los niños y protegía a los mayores se le lanzarían restos de fruta y desperdicios al igual que se hacía con el antiguo Cipotegato de Tarazona.
Esta fiesta popular se vio influida por las tensiones que se vivieron en el siglo XIX entre realistas y liberales y entre carlistas e isabelinos, llegó a ser prohibida durante tres años en la Segunda República, y ha tenido que suavizarse atendiendo a nuevas costumbres que se han impuesto a las propias.








