
De la mano de la Red de Juderías de España Caminos de Sefarad y del Centro Sefarad Israel, llega a la capital bilbilitana la exposición “La Edad de Oro de los judíos de al- Andalus”. Este jueve se presentaba esta muestra en una inauguración a la que asistía la coordinadora de Relaciones Institucionales en el Centro Sefarad-Israel. Esta es una institución de diplomacia pública y que conforman el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Unión Europea, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid cuyo propósito es servir de puente entre España y el mundo judío.
Ana Pellicer estaba acompañada del alcalde de Calatayud, José Manuel Aranda, y del concejal de Museos y también de Turismo del consistorio bilbilitano, Esteban Sanmiguel, con quienes conocía la Casa Consistorial de la plaza de España y la Judería de la ciudad en una visita guiada. Junto a ellos, participaba el gerente de la Red de Juderías, Iñaki Echeveste, que participa en numerosas iniciativas de la ciudad relacionadas con ese patrimonio del barrio de Consolación.

Una herencia milenaria
La colección que se trae para el disfrute de quienes visiten el Museo de Calatayud analiza el legado de los judíos que habitaron la Península Ibérica durante la Edad Media. Se acerca así esa herencia de una de las épocas más brillantes del mundo judío peninsular, como se podrá deducir con las piezas que la componen. Imágenes, recreaciones, facsímiles y testimonios que describen la vida cotidiana, las inquietudes y el devenir de aquellas comunidades conforman el conjunto.
Aquellos fueron tiempos de esplendor cultural vinculado a la bonanza económica consecuencia de la actividad comercial por el Mediterráneo. Esas redes y negocios fueron consolidados por la dinastía de los Omeya durante tres siglos, los que gobernaron desde Córdoba.
Algunas de las joyas históricas que se exponen ahora, proceden de El Cairo. Allí se cumularon durante casi un milenio alrededor de doscientos mil documentos, descubiertos por exploradores europeos en el siglo XIX. Este extraordinario conjunto no solo incluye textos religiosos, sino también documentos de muy diversa índole: tratados científicos, poemas, transacciones comerciales, amuletos, recetas médicas y cartas personales, entre otros. Se trata de un testimonio único que permite conocer, en primera persona, la vida cotidiana en el Mediterráneo medieval.









