
La ciudad de Calatayud detuvo su pulso el pasado sábado 21 de marzo para entregarse por completo a una de sus señas de identidad más profundas. Entre los muros cargados de historia de la Basílica del Santo Sepulcro, la Agrupación Musical Pascual Marquina no solo ofreció un concierto; regaló un pedazo de alma a cada asistente, transformando el silencio del templo en una oración colectiva hecha música.
Bajo una atmósfera de respeto y recogimiento, la formación bilbilitana demostró por qué es el corazón latente de la tradición local. La excelencia técnica se fundió con la emoción pura cuando la agrupación, con una sensibilidad exquisita, comenzó a desgranar notas que anticipaban la inminente Semana Santa. El evento alcanzó una dimensión extraordinaria gracias a la batuta del prestigioso compositor David Rivas Domínguez, quien, como invitado de honor, supo extraer matices únicos de los músicos, elevando la velada a un nivel de maestría que conmovió a los presentes.
El punto de máxima intensidad emocional llegó con el estreno absoluto de «Bajo el peso del silencio», la nueva obra del director titular Alejandro Doñágueda. La marcha, recibida con un sobrecogedor respeto, logró capturar ese instante de introspección y fuerza que define el sentir cofrade, convirtiéndose desde ya en un tesoro imprescindible del patrimonio musical de Calatayud.
Al finalizar el acto, el aplauso cerrado de un público entregado no fue solo un reconocimiento a la destreza musical, sino un agradecimiento sincero a la Agrupación Musical Pascual Marquina por su compromiso inquebrantable con la cultura y la fe de su tierra. Fue, en definitiva, una tarde donde la música se hizo piel y el sentimiento cofrade se elevó hacia las cúpulas de la basílica, dejando una huella imborrable en el espíritu de la ciudad.









