
En una de las salidas de la ciudad bilbitana, en dirección a Munébrega, se alza la emblemática Colonia de Aviación, una urbanización con más de siete décadas de historia que hoy lucha por mantener vivo el fuerte lazo comunitario que la caracterizó en sus orígenes. Lo que nació en los años cincuenta como un núcleo exclusivo para los oficiales y suboficiales del Escuadrón de Vigilancia Aérea número 1 (EVA 1), vive ahora un proceso de revitalización impulsado por sus residentes más jóvenes.
La iniciativa, liderada por un vecino y maestro de primaria perteneciente a la tercera generación de la Colonia, surge como respuesta al cambio demográfico y social del barrio. Durante la década de los ochenta, la urbanización era un hervidero de actividad infantil con más de un centenar de niños correteando por sus calles. Hoy, aunque la Colonia ya ve crecer a su cuarta generación —los biznietos de aquellos primeros militares—, la cifra de menores ha descendido drásticamente y muchos de ellos apenas se conocen entre sí.
Con el objetivo de romper esa barrera y recuperar el placer de «hacer vida en la calle», se ha puesto en marcha una propuesta que une tradición y convivencia. Inspirada en las rondas de villancicos de las parroquias locales, pero con un enfoque inclusivo y cultural, la actividad ha logrado reunir a niños, padres y abuelos en un encuentro intergeneracional único. La música ha servido como lenguaje universal, atrayendo incluso a vecinos de diversas creencias religiosas que se han sumado a una jornada de juegos de presentación, calentamiento vocal y el tradicional cobro del aguinaldo por las casas.
Este grupo de jóvenes promotores, que hoy rondan los veinte años y mantienen su amistad a pesar de vivir en ciudades como Zaragoza, Madrid o Londres, busca devolver a los nuevos niños la magia de los veranos y vacaciones que ellos mismos heredaron de sus padres. La intención es que esta cita se asiente como una tradición anual que sirva de ejemplo para otros barrios de Calatayud.
En la actualidad, la Colonia de Aviación ya no es un recinto estrictamente militar, sino un espacio diverso donde conviven múltiples oficios y trayectorias vitales. Proyectos como este demuestran que, a pesar del paso del tiempo y la expansión de la ciudad, el sentido de pertenencia sigue siendo el motor principal para mantener unida a una comunidad que se niega a perder su esencia.








