📸 Jesús Moncín

Calatayud vivió este miércoles una jornada para el recuerdo. Más allá del definitivo cero a seis que reflejó el marcador final frente al Club Atlético Osasuna en la primera ronda de la Copa del Rey, el verdadero titular en las calles de la ciudad es que el Atlético Calatayud ha ganado. La visita de un conjunto de Primera División transformó la cita en un acontecimiento histórico que quedará grabado para siempre en la memoria de la localidad, de su equipo, de su cuerpo técnico, de su directiva y de toda una afición entregada.
Desde mucho antes de que el colegiado señalara el inicio del encuentro, las inmediaciones respiraban un ambiente festivo y de absoluta comunión con el deporte. Alrededor de tres mil aficionados locales se congregaron en las gradas para arropar a los suyos, compartiendo una grada vibrante y respetuosa con los doscientos seguidores desplazados desde tierras navarras. La jornada transcurrió en perfecta armonía y sin ninguna intervención policial, destacando la ejemplar convivencia entre ambas hinchadas.
Para garantizar el normal desarrollo del evento se desplegó un importante dispositivo de seguridad integrado por agentes de la Policía Local, miembros de la Policía Nacional con unidades de intervención, seguridad ciudadana y medios aéreos, voluntarios de protección civil de la comarca de la Comunidad de Calatayud y dotaciones de los servicios sanitarios, cuya labor transcurrió sin incidencias reseñables.
Sobre el terreno de juego, los locales compitieron con ilusión y entrega ante un rival de la máxima categoría. El conjunto rojillo aguantó los primeros compases con orgullo, resistiendo incluso un tanto anulado al cuadro visitante en el minuto cinco. Sin embargo, la pegada del equipo navarro se fue imponiendo con el paso de los minutos, materializando el primer tanto en el trece y ampliando la renta con dos nuevos goles antes de que los protagonistas marcharan a los vestuarios al descanso.
En la reanudación, el guion mantuvo la tónica competitiva, aunque el marcador se decantó de nuevo del lado visitante con un tanto desde los once metros al poco de la reanudación, seguido de dos goles más que redondearon el tanteador en el tramo final del choque. Pese al resultado adverso, el pitido final desató la emoción colectiva en el estadio, donde los socios y simpatizantes despidieron a los suyos con una cálida ovación por el esfuerzo y por regalarles una tarde histórica.
Terminada esta inolvidable aventura copera, el conjunto bilbilitano aparca los sueños nacionales para centrarse de lleno en sus ambiciosos objetivos ligueros. El equipo lidera en solitario e invicto el grupo dos de la Regional Preferente Aragonesa y ya mira al próximo reto, que tendrá lugar el lunes dos de noviembre a las cinco de la tarde, cuando recibirán en su feudo al CD Maella con el firme propósito de mantener la buena dinámica.









