
La emoción, el orgullo y el respeto se entrelazaron en el aire de Calatayud. Ayer, la ciudad se vistió de gala para honrar a sus héroes cotidianos, aquellos que visten el uniforme no solo como un trabajo, sino como una auténtica vocación de servicio y entrega al prójimo. En el marco de la festividad de San Íñigo Abad, patrón de la ciudad y del cuerpo de la Policía Local, la comunidad bilbilitana se unió para reconocer las actuaciones más destacadas, valientes y humanas de sus agentes a lo largo del último año.
La jornada comenzó con una atmósfera de profunda solemnidad en la Colegiata de Santa María la Mayor. Allí se celebró una misa presidida por el abad de la colegiata, D. Jesús Vicente Bueno, y concelebrada por el arcipreste de Calatayud, D. Javier Sanz. A ella asistían el Alcalde, José Manuel Aranda, concejales del consistorio, compañeros de la Policía Nacional, la Guardia Civil, el Ejército del Aire y del Espacio, y el Ejército de Tierra. Sin embargo, el calor más puro llegó de los ojos brillantes de los familiares y de los policías locales en segunda actividad y jubilados, quienes veían en las nuevas generaciones el reflejo de su propio legado.

El epicentro de los sentimientos a flor de piel se trasladó al Aula Cultural “San Benito”, escenario de un acto formal que congeló el tiempo para aplaudir la excelencia. Uno de los momentos más conmovedores de la cita fue la entrega de la Medalla de Plata al Mérito Profesional a los oficiales Víctor Casado Pomareta y Pablo Eladio Lallana Bendicho, así como al policía Rubén Colchero Tomey. Tras algo más de dos décadas vistiendo el uniforme con impecable honor, este reconocimiento ensalza su constante entrega, sacrificio y dedicación inquebrantable en el cumplimiento de sus deberes.




La sala contuvo el aliento al recordar aquellos días en los que la delgada línea entre la vida y la muerte dependió de la templanza y el coraje de estos profesionales. Bajo el amparo del Reglamento del Cuerpo de Policía de Calatayud, se otorgaron felicitaciones públicas cargadas de humanidad. Los oficiales José Nicolás Tarifa Rubio y el policía David Martínez Aure recibieron el calor del público por una intervención del pasado 16 de diciembre, cuando lograron rescatar a una persona que pretendía acabar con su vida. Un eco de gratitud que se repitió al nombrar a Miguel Fuentes López y José Carlos Sánchez-Lafuente Lahulla, quienes el pasado 26 de febrero demostraron idéntica valentía al salvar a otra persona en una situación de riesgo vital extremo.


Pero la labor policial también se construye tendiendo puentes hacia la ciudadanía. Por ello, se reconoció la dedicación altruista de la policía María Rezusta Tomey, cuya implicación personal en las redes sociales ha permitido abrir las puertas del cuerpo a los vecinos, mostrando el lado más humano de la profesión y mejorando con creces la imagen de la Policía Local bilbilitana.

La hermandad entre las fuerzas de seguridad del Estado quedó sellada con letras de oro al condecorarse con la Medalla al Mérito Profesional a José Luis Gaspar García, inspector jefe del Grupo Operativo Local de la Comisaría de Policía Nacional en la ciudad. Su constante, estrecha y significativa colaboración con la Policía Local en Calatayud personifica la unidad frente a la adversidad. Un reconocimiento de una valía incalculable que, además, contó con el respaldo unánime y sin fisuras de todos los grupos políticos del Pleno municipal del Ayuntamiento de Calatayud.

La justicia histórica y el cariño de todo un pueblo también se hicieron extensibles a aquellos que, desde un segundo plano, hacen que todo funcione. El servicio y la complicidad diaria tuvieron su broche de oro en el reconocimiento otorgado a Víctor Sanz, encargado del servicio de retirada y depósito de vehículos. Con 25 años de trayectoria impecable a sus espaldas desde que comenzó en 2001, su estrecha y leal colaboración con la Policía Local demostró que la seguridad de Calatayud es un engranaje perfecto donde cada pieza cuenta.

Ayer, Calatayud no solo celebró a su patrón; miró a los ojos a sus policías y trabajadores para decirles, con el corazón en la mano, gracias por cuidarnos, gracias por estar siempre dispuestos a acudir a la llamada cuando el miedo acecha.









